Una entidad de formación vive entre tres interlocutores que piden cosas distintas del mismo curso. La empresa cliente quiere saber quién se ha formado y poder bonificar el coste en sus cotizaciones a través de la Fundación Estatal para la Formación en el Empleo (FUNDAE). La Administración, cuando la formación es para el empleo, exige comunicar el inicio y el final de cada grupo, acreditar la asistencia o la actividad en la plataforma y conservar la documentación durante años. Y el alumno solo quiere entrar, avanzar y obtener su diploma. Casi siempre hay una plataforma de aprendizaje instalada; lo que falla es lo que la rodea: inscripciones en hojas de cálculo, informes de actividad montados a mano y diplomas que nadie puede reconstruir después.